La sociedad que despierta, por William Ospina


En los últimos veinte años Colombia ha vivido un verdadero holocausto del que apenas comenzamos a enterarnos.

Los medios de comunicación han divulgado la proliferación de fosas comunes donde los paramilitares sepultaron a sus víctimas por todo el territorio, desde Sucre hasta Nariño, desde el Valle del Cauca hasta Santander, desde la Sierra Nevada de Santa Marta hasta el Magdalena medio. Otra vez, como en los años cincuenta, bandas de hombres armados entraron a medianoche en las aldeas, llenaron de zozobra las regiones, ejecutaron de un modo feroz y escalofriante a gentes desarmadas, en unos casos acusándolas con razón o no de ser guerrilleros, en otros casos utilizando el pretexto de la lucha contra la guerrilla para crear terror en las poblaciones, apoderarse de las tierras y desplazar a los habitantes.

No sólo los crímenes sino la sevicia de sus circunstancias, y la revelación de que esas bandas de paramilitares obraron a veces con la complicidad de miembros de las Fuerzas Armadas, obraron a veces con el patrocinio de dueños de la tierra y de sectores empresariales, obraron a la vista de todo el mundo y hasta cobraban por su trabajo a los comerciantes de los pueblos, asegurando que estaban llevando defensa y protección a la comunidad, son cosas que repugnan a todo espíritu democrático. Hace mucho tiempo sabemos que cada vez que la sociedad se ve amenazada por el crimen su único deber es corregir y fortalecer las instituciones legítimas, y que entregar la defensa de la sociedad a bandas de criminales es el modo más seguro de hundir a un país en el caos y en la degradación moral.

Si en Francia, en España, en México o en Argentina, se diera un fenómeno tan masivo de crueldad, de miles de víctimas atrozmente asesinadas a las que nadie les demostró jamás su culpabilidad, es seguro que esas sociedades, como un mecanismo de decencia social, como un mecanismo de purificación mental y moral, saldrían masivamente a las calles a rechazar esos hechos atroces, a exigir justicia y reparación, y procurarían que todo lo ocurrido saliera a la luz. Así reaccionó la Argentina ante los crímenes cometidos por las dictaduras, aunque por supuesto se necesitó el liderazgo de las madres de la Plaza de Mayo, cuyo amor por las víctimas pudo más que el miedo a los victimarios. Ellas le enseñaron a todo un continente que el silencio es un acto de complicidad, que a menudo hasta los criminales necesitan que la sociedad les diga lo que hicieron, porque la inercia infernal de la sangre suele anestesiar las conciencias y acaba por hacer que ni los victimarios comprendan la enormida d monstruosa de sus propios actos.

Alguien tiene que ser capaz de reaccionar. No para reclamar venganza, ni siquiera para exigir justicia, sino para demostrarse a sí mismo que no ha perdido su dignidad humana, su capacidad de diferenciar entre lo que está bien y lo que está mal. Una sociedad que no sea capaz de levantarse con toda claridad contra esas oleadas de la barbarie, contra esas reviviscencias del horror, corre el peligro de que esos hechos terribles se repitan sin fin, y que el miedo termine siendo más poderoso que la confianza como ingrediente de la vida cotidiana. Todos tristemente sabemos que en Colombia ha sido así, y en estos días, cuando el Estado está procurando someter a la ley a los paramilitares y tiene asediadas a las guerrillas, es ya hora de reaccionar, de mostrar que la sociedad existe y sabe lo que pasó y rechaza los caminos de la barbarie.

El cuatro de febrero fue inequívoco el rechazo de la sociedad entera a los crímenes de la guerrilla. Colombia se levantó contra los secuestros, contra los campos de concentración que las FARC mantienen en el corazón de las selvas colombianas, contra unas organizaciones criminales que hace ya décadas mantienen a la sociedad amenazada y chantajeada. Y no se levantó sólo para rechazar el secuestro sino para afirmar su propia dignidad, su libertad, su deseo de vivir con plenitud en un país pacífico y democrático.

Pero todavía Colombia no ha hecho sentir su grito de rechazo contra la otra barbarie, que nos puso a vivir en un inmenso campo de tumbas sin nombre. Y ese rechazo tiene que ser igualmente enérgico, tiene que hacerles sentir a los victimarios, ahora en proceso de sometimiento a la justicia, que esos fenómenos de justicia privada tan frecuentes en Colombia no pueden repetirse. La marcha del seis de marzo no debe ser sólo contra los crímenes que cometieron los paramilitares, sino contra la tendencia de muchos ciudadanos a pensar que el crimen es legítimo si se comete con una determinada intención.

Una larga serie de sentencias judiciales de los últimos tiempos ha condenado al Estado a pagar gigantescas indemnizaciones por crímenes que se han cometido con intervención de algunos de sus agentes o por negligencia institucional. La ciudadanía tiene también el deber de rechazar que algunos funcionarios, e incluso miembros de las Fuerzas Armadas, traicionando sus deberes constitucionales, hayan violado la ley que era su deber defender, hayan profanado la majestad de las instituciones, y quieran convertirnos en cómplices de sus crímenes. El que esos delitos se paguen con nuestros impuestos significa que se nos está convirtiendo en responsables de todo aquello que no somos capaces de rechazar. Marchar es también la manera de hacernos conscientes de nuestra responsabilidad como ciudadanos, y de asumir un papel más activo en la vida nacional.

Por eso no está bien que algunas personas, no sé con qué intención, quieran disuadirnos del deber de marchar contra estos crímenes que, lo mismo que el secuestro y la extorsión, repugnan a la condición humana y nos convierten en rehenes de todos los odios y todas las crueldades. Algunos hasta piensan, contra todas las costumbres de la democracia, que una marcha ya es suficiente, y se atreven a decir, torciéndole el cuello a la lógica, que una segunda marcha atenúa el efecto de la primera. Nada más contundente que mostrar que una sociedad es capaz de marchar una y muchas veces para que no queden dudas de su rechazo a todas las violencias, a todos los chantajes y las amenazas. Tanto los paramilitares como las guerrillas han intentado convertir estas marchas en instrumentos de su odio. Ello es imposible: nadie podrá acusar a millones de personas que marchan en paz contra cosas que son evidentemente repudiables, y que marchando se hermanan en una vocación pacífica y democrática, de ser voceros de ningún criminal. Hay que marchar con decisión, hay que marchar con alegría, y, dado que la libertad es lo primero, sólo hay que marchar si uno, en su corazón, en la soledad central de su yo, como decía Borges, siente que ese holocausto que Colombia ha vivido en los últimos años también merece un rechazo clamoroso y multitudinario.

William Ospina / Fuente: Revista Cromos
Ver en los comentarios adjuntos textos de Florence Thomas, Noam Chomsky, Antanas Mockus, Juan Manuel Roca, Fernando Rendón, Héctor Abad Faciolince...

16 comentarios:

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Comunicado de Prensa

Apreciados javerianos y javerianas:

La Pontificia Universidad Javeriana en su rechazo a todas las formas de violencia participará en la marcha convocada para el 6 de marzo en el país.

La Universidad se une a todos aquellos que condenan el paramilitarismo, la guerrilla, el secuestro, el narcotráfico y reitera su compromiso por una Colombia en paz. Tal como lo hemos difundido en el Boletín Electrónico Hoy en la Javeriana: “Inspirados en nuestra Misión y Proyecto Educativo marcharemos libremente, sin coacción alguna, afirmando plenamente nuestra solidaridad con todas las víctimas del conflicto armado, rechazando enfáticamente la acción de los grupos violentos y afirmando nuestra opción de compromiso con la causa de la paz, de la libertad y de la dignidad de todos los colombianos”.

La Javeriana no cancelará las clases ese día, sin embargo convoca a los profesores para que no realicen exámenes evaluatorios y permitan asistir a la marcha a aquellos estudiantes que deseen participar de manera voluntaria.

Nuestra manifestación se realizará de manera pacífica evitando consignas que pueden ser alentadoras de perturbación de orden público en este contexto tan difícil que vive el país.

Reiteramos nuestra única consigna: “Porque no importa contra quién sino a favor de quién “ÚNETE”

P. Joaquín Emilio Sánchez, S.J.
Rector

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"POR LA DIGNIDAD DE LAS VICTIMAS:
Verdad, Justicia y Reparación"

Mensaje de Noam Chomsky

"Durante demasiado tiempo, los colombianos y las colombianas han sufrido torturas, desplazamientos, desapariciones y miseria en general bajo las sombras oscuras del terror militar y paramilitar, las cuales cambian constantemente por formas nuevas cada vez más amenazantes. Para nuestra eterna vergüenza, los ciudadanos de los Estados Unidos, inconscientemente, hemos contribuido en forma decisiva a estos horrores por más de medio siglo. La vigilia del 6 de marzo es una manifestación valiente tanto por las victimas como por sus acompañantes, en Colombia y en el resto del mundo. Es un clamor apasionado para que la barbarie termine. Por favor, únase a ellos en cualquier forma que usted pueda, y ayude a que la paz y la justicia lleguen a este país maravilloso cuya gente lo merece enormemente".

Noam Chomsky

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YO SÍ CAMINARÉ EL 6 DE MARZO

No, Plinio: demasiado es demasiado

Florence Thomas. Columnista de EL TIEMPO.

Plinio, yo sí caminaré el 6 de marzo aun cuando me califiques de idiota útil, de despistada
Te recuerdo algunas cosas, pues los meandros de tu amarga memoria no te permiten entender tu alrededor.


No, Plinio, "trop, c'est trop"... entonces: ¿280 indígenas kankuamos asesinados por los frentes paramilitares de la Sierra Nevada, cuyas mujeres e hijos han tenido que aprender a vivir sin ellos, son para ti poca cosa? Dices que no habría que gastar suela de zapatos por ellos y ellas.

Pues yo te voy a recordar algunas cosas, Plinio, porque tal vez los meandros de tu amarga memoria no te permiten ya entender lo que sucede a tu alrededor. Recuerdas lo que decía Espinoza: "No burlarse, no deplorar, no maldecir, pero comprender" y comprender es justamente la labor del intelectual. Aclarar, iluminar, complejizar. Pues una mirada más desapasionada, menos ideologizada y más justa sobre las distintas violencias de este país te acercaría tal vez a este camino de sangre, duelos y dolor que recorrieron, entre muchos otros, los kankuamos de la Sierra, y a pensar, por una vez, en contra de ti mismo.

Crímenes, por cierto, no confesados aún por ninguno de estos paramilitares que tú, ingenuamente, declaras arrepentidos. Y te cuento además que el día que leí hace unos meses en EL TIEMPO ese reportaje sobre la manera como los paramilitares asesinan a sus víctimas; ¿te recuerdo el título del artículo? 'Aprendí a descuartizar con campesinos vivos', perdí el sueño. Perdí el sueño de cambiar a Colombia, perdí parte de mis utopías para seguir trabajando contra los estragos de las guerras. De las guerras de todos, Plinio, de los torturadores de las Farc, por supuesto, pero también de las guerras de los 'paras' y sus más de 1.000 fosas comunes, de las guerras que desaparecen líderes comunales, de las guerras sordas, sucias y miserables que desplazan a centenares de familias diariamente en esta otra Colombia que la mayoría de la gente prefiere ignorar.

Plinio, yo te prefería mil veces en tus años de fuga, cuando estabas indocumentado y feliz en París. Tu socialismo de ese entonces, aunque ingenuo, destilaba por lo menos algo de humanismo.

Yo sí caminaré el 6 de marzo aun cuando me califiques de idiota útil, de despistada. Yo sí seguiré el llamado de Iván Cepeda y no juzgaré a nadie por marchar o no marchar, solo me rebelaré una vez más contra cualquier tipo de crímenes, los de la izquierda, los de la derecha, los del Estado, los de la delincuencia común y, evidentemente, también contra los de los machos que violan a sus hijas o matan a sus compañeras por celos.

Así soy, despistada y feliz de serlo, fuera de los caminos prescritos de antemano; una nómada y vagabunda de las ideas, de todas las ideas porque para mí la tolerancia se funde con el respeto y la reciprocidad.

Voltaire decía: "No estoy de acuerdo con lo que usted dice, pero defenderé hasta donde puedo hacerlo su derecho a decirlo".
Siempre y cuando, agrego, usted también defienda mi derecho a disentir. Y leyendo tu última columna sobre la marcha del 6 de marzo, confirmo que la tolerancia es un ejercicio difícil, a veces demasiado difícil pero absolutamente necesario si queremos abrirnos a la complejidad de la condición humana.

Ojalá, Plinio, vuelvas a leer a Voltaire y leas también, por una vez, el Manual de tolerancia, de Héctor Abad Gómez, un inmenso humanista, también asesinado por esta guerra que tú niegas y que parecería no tener fin.

* Coordinadora del grupo Mujer y Sociedad

Florence Thomas

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Marzo 4 de 2008

200 observadores nacionales e internacionales asistirán a marcha de mañana contra los paramilitares y el terrorismo de Estado

Iván Cepeda, vocero de la marcha, explicó que la presencia de dichos observadores tiene el objetivo de darle transparencia al evento.

"No aceptamos el apoyo ni la convocatoria de grupos armados al margen de la ley e igualmente condenamos los intentos de manipulación provenientes desde diferentes sectores", afirmó Cepeda.

En Risaralda seguía presente el fantasma de las amenazas realizadas contra coordinadores de la marcha. Varias ONG de Pereira les pidieron a la Fiscalía y al DAS investigar el ataque con tiros al apartamento de la secretaria del Comité Permanente para la Defensa de los Derechos Humanos, Adriana González.

Por su parte, el gestor de Paz del Valle, Frangey Rendón, hizo un llamado a los vallecaucanos a los que pidió no "ser insensibles ante el drama de decenas de familias que han sufrido la muerte, la desaparición forzada, el secuestro, el desplazamiento y el despojo de todos sus bienes".

En Córdoba, el diputado liberal Orlando Benítez Mora, cuyo padre fue asesinado por paramilitares en el 2005, también invitó a salir a las calles.

"Voy a salir a marchar en contra de las autodefensas, pero yo no soy guerrillero, soy una persona de bien que está por encima de cualquier actor de violencia", dijo Benítez.

Para este jueves, ya están confirmadas concentraciones en más de 20 ciudades de Colombia y en 66 del mundo.

La Fundación País Libre, programa contra el secuestro, anunció su vinculación a la marcha como una forma de repudio a los actos violentos que atentan contra los derechos fundamentales de los colombianos.

"No hay unos criminales más 'buenos' que otros ni víctimas más 'dignas' que otras", señala País Libre.

Desde el exterior llegó el apoyo de la Central Sindical Internacional (CSI), y el Sindicato de Trabajadores del Acero de E.U., la federación de comités internacionales Íngrid Betancourt y las Madres de la Plaza de Mayo.

En Flandes arrancó jornada por las víctimas

Entre proclamas de protesta, más de 400 personas desplazadas iniciaron a las 12 del día de ayer una marcha por la paz desde Flandes (Tolima) y que debe terminar mañana a la misma hora en la Plaza de Bolívar, en Bogotá.

"No más fusiles, no más guerra. ¡Que vivan los desplazados! ¡Que vivan los asesinados por los que vinimos a reclamar!", decían mientras sostenían pancartas en las que exigían también una distribución más justa de la tierra.

Bajo un sol ardiente, se agruparon en el puente Ospina Pérez, que une Flandes con Girardot, para darle inicio a la marcha. Los pétalos de más de diez mil flores fueron lanzados al río Magdalena.

"Es un homenaje a todas las víctimas colombianas que han sido lanzadas a los ríos", explicó Jorge Rojas, de la Consultoría para los Derechos Humanos y el Desplazamiento (Codhes), una de las siete promotoras de la marcha.

Indígenas, afrocolombianos, antioqueños y guajiros, víctimas en todo el territorio nacional, llegaron para expresar su voz de protesta.

"Este es un preámbulo de la marcha que se hará este 6 de marzo", explicó Iván Cepeda, líder del Movimiento Víctimas de Crímenes de Estado.

FLANDES (TOLIMA)

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JORNADA CULTURAL:
LEONEL SALAS AVILA
6 DE MARZO A LAS 6 DE LA TARDE
BARRIO LA GRANJA , DIAG 22
MONTERIA.
Invitados e invitadas todas las amigas
del arte y la cultura...cada quien aportarà lo suyo.

Leonel Salas avila,un destacado artista del Sinù, mimo, actor , cuentero
que parece que nos abandono , yo o creo, hace 13 años, cuando se preparaba para viajar a una beca de tradicion oral en Cuba.
Leo recibiò de manera póstuma el título de Maestro de artes escènicas de la Universidad del Valle.

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LA MARCHA de Juan Manuel Roca juan_manuelroca@hotmail.com
fecha 04-mar-2008

Que los colombianos marchemos contra los victimarios cobijados por un creciente olvido y ninguna reparación por los crímenes perpetrados a nombre del Estado; que lo hagamos contra los que han desplazado a casi cuatro millones tras emprender una contra-reforma agraria antes de que exista una reforma; que salgamos a las calles a protestar por el apoyo a los victimarios que involucra a los para-políticos; que no olvidemos las ejecuciones extra-judiciales; las fosas comunes ni los secuestrados por cualquier bando en el conflicto; que condenemos genocidios y ataques a la población civil vengan de la guerrilla o de los paramilitares; que no olvidemos ni Bojayá ni Mapiripán a un mismo tiempo; que recordemos el genocidio de todo un partido en la oposición a la vez que el secuestro y posterior asesinato de los diputados; que Chengue y Mejoresquina y tantas atrocidades de una guerra sin heroísmos ni dignidad no sean hechos escamoteados por la mala memoria, son pasos y expresiones para que nuestro saldo con la vida no siempre esté en rojo. Amar la guerra no es otra cosa que despreciarse a sí mismo.

Los victimarios, definidos en términos presentes son, escuetamente, los homicidas. Pero la palabra victimario también señaló en la antigüedad a los que prendían fuego, ataban a las víctimas y las sujetaban para el sacrificio. A los que hacían el trabajo sucio de verdugos, amparados y protegidos por los más altos poderes.

Que los colombianos marchemos este 6 de marzo contra el olvido, por la verdad, en homenaje a las víctimas y en petición de un acuerdo humanitario, es un necesario acto de moral colectiva.

Juan Manuel Roca.

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Poesía es también una paz justa y digna para Colombia

Festival Internacional de Poesía de Medellín invita la Gran Marcha del 6 de Marzo

Colombia vive una cruenta y trágica contradicción, desde hace casi dos siglos. Una dura guerra nos enfrenta, sin final a la vista. Dos conceptos enemigos sobre la naturaleza de la paz y la interpretación de la existencia, nos dividen y desangran. El país es víctima de su exigua mirada sobre el mundo. Esta prolongación del olvido de nuestra amarga leyenda latinoamericana, prueba que sin la poesía, como memoria del sueño esplendoroso de un nuevo tiempo revolucionario del espíritu, no habrá en Colombia una paz digna y justa, ni una vida renacida de los escombros como la nueva historia sobre nuestro suelo rescatado.

La utopía de la paz colombiana no llegará por el acatamiento servil a la autoritaria exigencia de unanimidad y consenso, para aceptar en cabal resignación que la vida era la larga espera de una fosa común donde yace una legión de niebla, las incontables víctimas de las armas de sucesivas guerras civiles, ya sin compensación ni reposo.
Somos víctimas de la indigente mirada de los verdugos sobre el mundo. ¿Y quiénes son los verdugos, que revelan con voz estridente ser propietarios de todo lo existente?
En los orígenes del espíritu de la poesía y de las artes está el sueño y demanda de una humanidad joven, sin guerra ni miseria, sin capitulación ni dolor. Y nos preguntamos ¿cómo habrán sobrevivido las especies animales y las reservas forestales, el agua y el viento, cruelmente avasallados por los imperios del pasado y del presente, por un mandato de expoliación de todos los vivientes?
No será éste el mundo que aceptamos, quienes hemos hecho de la poesía un camino, una resistencia, una elección distinta a la guerra y a la muerte violenta, a la humillación de las formas de la vida, al sometimiento de las sociedades a la pulsión de matar y de morir que imponen quienes buscan exterminar el pensamiento emancipado y emancipador.

La suprema aspiración de la poesía y de los poemas es la fundación de un diálogo invencible y creador, para desmontar la maquinaria de sombras de la muerte y de la guerra inútil entre los colombianos, que materialice una visionaria sociedad incluyente, para abrir las compuertas al ancho río de la libertad y la fraterna justicia.

El Festival Internacional de Poesía de Medellín invita a todos los poetas y artistas colombianos, a los académicos e intelectuales de signo progresista, a los estudiantes que colman los escenarios del Festival, a los trabajadores, hombres y mujeres que constituyen la energía creadora del país, a tomar parte en la Gran Marcha del 6 de Marzo, al lado de las víctimas de los crímenes del terrorismo de estado, por los desaparecidos, por los masacrados y ejecutados, por los desplazados, por los amenazados y por los desposeídos de la riqueza material y cultural, y a no detenerse ya más hasta hacer de Colombia el país que demandamos, que queremos, que soñamos y que nos hará libres bajo el sol de una nueva patria, sin guerra, sin dolor ni expoliación.

Fernando Rendón. fearn@une.net.co Director, Festival Internacional de Poesía de Medellín
Febrero 26 de 2008

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El país del llanto

No nos conmueve lo mismo el crimen de una persona conocida que el cometido contra campesinos anónimos.
Por Héctor Abad Faciolince

Revista Semana: Fecha: 03/01/2008

No es normal un país donde uno se levanta y se acuesta cada día con los ojos encharcados. Las imágenes, las entrevistas, las tragedias cotidianas, hacen que uno viva aquí con un nudo en la garganta. Que Íngrid Betancourt, una política íntegra, se esté muriendo en la selva, es un símbolo de la maldad de las Farc y de la tragedia del secuestro. Que Silvia Duzán, una periodista íntegra, haya sido acribillada por los paramilitares, es también un símbolo de la maldad de las AUC y del salvajismo de sus masacres. Contra la barbarie del secuestro marchamos hace menos de un mes. Hay que marchar también contra los paramilitares.

Los crímenes de los paramilitares, a veces con la complicidad de funcionarios del Estado y no pocas veces con la ayuda de miembros de la Fuerza Pública, merecen el mismo repudio. Por eso, aunque no salgamos ni la décima parte de las personas que salieron hace un mes, los que salgamos también a esta segunda marcha lo haremos con la frente muy alta. En uno y otro caso salimos a repudiar crímenes inaceptables. Antes, contra las Farc; esta semana, contra los paramilitares. Los que repudian a las Farc y no a los paramilitares, son indignos; como son indignos quienes repudian a los paramilitares y no a las Farc. Hay que repudiar estas dos formas simétricas de salvajismo.

Pero no es fácil sacar adelante este mensaje, por varios motivos. Uno, por ejemplo, es la propaganda negra de algunos personajes nefastos. Dos ex comunistas arrepentidos y un falangista vergonzante conforman la triple alianza contra la marcha del 6 de marzo: José Obdulio Gaviria, Plinio Mendoza y Fernando Londoño. El primero de ellos dice que han conformado un sindicato de periodismo uribista. Desde las mismas páginas los tres repiten ecos de un mismo artículo que parece dictado por la misma garganta. El argumento que machacan es grotesco y mentiroso: que la marcha del 6 de marzo es a favor de las Farc. Como no se atreven a mencionar el verdadero objetivo de la marcha (contra los crímenes de los paramilitares), dicen que es a favor de las Farc, un grupo armado que todos repudiamos. Lo que temen es que los colombianos condenemos también al paramilitarismo, porque ellos saben que aliados de las AUC han sido (y es cosa juzgada) parapolíticos, paraoficiales del Ejército y parafuncionarios de este y de anteriores gobiernos.

El argumento de Londoño para negar que en este país la Fuerza Pública haya cometido crímenes atroces es de una lógica burda. Ha sostenido él en varios artículos que en la masacre de Jamundí 10 policías sin uniforme dispararon contra un grupo de soldados. Que ante la agresión los soldados respondieron al fuego y mataron a los policías. Vamos a suponer que esto sea cierto. En tal caso tendríamos a un grupo de policías (que son miembros de la Fuerza Pública) que cometen un crimen y le hacen un mandado a la mafia. Con lo cual, implícitamente, está aceptando que sí hay crímenes perpetrados por miembros de la Fuerza Pública: policías que con fines mafiosos intentan matar soldados. Tanto lo que ha sentenciado la justicia, como lo que afirma Londoño, serían crímenes cometidos por fuerzas oficiales del Estado, y ninguno de los dos es menos grave que el otro, no importa si las víctimas son los policías (como cree la justicia) o los soldados (como dice Londoño).

Pero lo que hace mucho más difícil que esta marcha contra los paramilitares consiga el mismo número de participantes que la marcha contra las Farc, es que las víctimas del paramilitarismo, en su mayoría, son personas humildes cuyas muertes no han logrado atravesar el callo de nuestra indiferencia. Así es la condición humana. No nos conmueve lo mismo, ni nos interesa igual, el crimen o la muerte violenta de una persona conocida (y muchos secuestrados son famosos) que el crimen cometido contra campesinos anónimos. El secuestro de Íngrid ha conmovido a Europa y a Colombia, y está bien. El asesinato de Yolanda Izquierdo, solamente a su familia, lo que es muy triste. Esto es explicable por la mezquindad humana, pero no es moral. Por eso hay que marchar también contra los crímenes de los paramilitares pues aunque los de ellos hayan tenido menos prensa, son tan asquerosos como los de la guerrilla.

Sé de una amiga que cuando marche este jueves llevará en su memoria y en su pecho el recuerdo de Silvia Duzán, masacrada por los paramilitares. Uno de los organizadores de la marcha, Iván Cepeda, irá a recordar a su padre, como ya lo hizo una vez, valientemente, en el Congreso, frente a los asesinos. Yo también marcharé por otra víctima de los paramilitares a quien siempre recuerdo, en combate desigual contra el olvido. Pero nuestro país parece tuerto. Solamente ve y llora por el ojo derecho (y a veces tan sólo por el izquierdo, en el caso de otros sectarios). Los que participemos en las dos marchas, aunque seamos una minoría, estaremos diciendo que nosotros sabemos llorar por los dos ojos a todas las víctimas de nuestra violencia.

Héctor Abad Faciolince

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Un examen de conciencia
Por: Antanas Mockus

Yo marcharé en homenaje a todas las víctimas, con una péntuple autocrítica.

En 18 sillas de ruedas y una bicicleta, 19 policías superaron admirablemente discapacidades resultado del conflicto y recorrieron los 440 kilómetros de Medellín a Bogotá. Mucha gente salió emocionada a saludarlos. El sentimiento que despiertan va más allá de la compasión por ellos y de la indignación hacia quienes colocaron las minas antipersona o quienes ordenaron colocarlas.

Ellos encarnan superación, heroísmo, generosidad, y hacia ellos sentimos empatía, identificación. Cada ciudadano se puede decir a sí mismo: "Yo podría ser uno de ellos y si lo fuera, admiraría mi propia superación". En vez de rencor, odio o deseo de venganza, en su iniciativa y sus declaraciones se expresa un deseo altruista y generoso: reconociéndose como víctimas entre otras, claman por el fin del absurdo de la guerra. Merecen un lugar de honor en la marcha del 6 de marzo.

Leí de un tirón el libro de John Pinchao, Mi fuga hacia la libertad. La manigua descrita por el valiente policía sigue siendo la de La vorágine. Pinchao se salvó a sí mismo civilmente, con inteligencia, coraje y resistencia. Cuenta cómo Íngrid Betancourt le ayudó a recuperar su ánimo para afrontar lo inmediato y planear su futuro (estudiar) y cómo ella se mantiene digna frente a las vejaciones de sus secuestradores y solidaria con los otros secuestrados. Al final del libro declara que no puede olvidar a sus compañeros de cautiverio: "... y espero, un día no muy lejano, verlos nuevamente, esta vez para reírnos, compartir una comida decente, limar las asperezas, recordar anécdotas y luchar cada día con todos para que esta historia no se vuelva a repetir en ningún colombiano ni en nadie en el mundo. No se la deseo a nadie, ni a mis enemigos, pero sí deseo que estas personas entiendan que un país no se hace a base de violencia, ni de políticas intransigentes, ni de pactos parciales".

La marcha del 6, marcha de una péntuple autocrítica: marcharé en homenaje a todas las víctimas y sintiendo culpa personal y profesional por 5 razones: 1) por no haber impedido (o al menos censurado con más ahínco) la "combinación de todas las formas de lucha", defendida y adoptada a comienzos de los 80 en varios ambientes de izquierda; 2) por no haberme opuesto de modo más beligerante y efectivo a la adopción de un esquema similar de "todo vale" por la derecha colombiana; 3) por haber cerrado los ojos a las evidencias iniciales sobre el paramilitarismo como principal causante de desapariciones, masacres y desplazamiento, no haber comprendido a tiempo que una actitud social tolerante ante el narcotráfico terminaría nutriendo ambos desbordamientos y que los narcos intentarían poner a su servicio unas y otras fuerzas irregulares; 4) por no haber apreciado a tiempo y enseñado más ampliamente la validez del uso legítimo de la fuerza cuando se ejerce de acuerdo con la Constitución y la ley, y 5) por no haber desatado a tiempo un movimiento de rechazo a la retaliación violenta. (Cuando entra en escena la violencia es cuando más hay que prohibirse pagar con la misma moneda. La violencia no se responde con violencia.)

Muchos ya hemos comprendido estas cinco cosas. Aunque es tarde, y mucho del dolor causado y del daño infligido es irreparable.

Al igual que lo hice para el 4 de febrero, invito a marchar el 6 de marzo por las víctimas del desplazamiento, las masacres, las desapariciones, los falsos positivos, las minas antipersona, la intolerancia ideológica y el secuestro. Mi consigna: 'La vida es sagrada, cada víctima es hermana', 'La vida es sagrada: derechos sí, violencia no'. Iré vestido de negro, de luto, como símbolo de recogimiento y solidaridad. Por las víctimas.

Coletilla. Para romper el silencio, como acto previo a la marcha del 6, invito a los colombianos a participar en una vigilia el domingo 2 de marzo, donde diferentes miembros de la sociedad civil demos lectura continua, y durante 10 horas (de 3:00 p.m. a 12:00 a.m.) a testimonios de víctimas de la violencia. Lugar: Palacio de Justicia, costado Plaza de Bolívar. Las víctimas somos todos.

antanasmockus@visionariosporcolombia.com

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Un chancro histórico
Por: Julio César Londoño
EL PAIS, Marzo 01 de 2008
http://www.elpais.com.co/historico/mar012008/OPN/opi02.html

Estúpido, por decir lo menos, el rechazo del Gobierno a la marcha del 6 de marzo. Idéntico al rechazo de la izquierda a la marcha contra las Farc. La explicación se parece mucho al ‘argumento’ de los nazis contra la teoría de la relatividad: “Es obra de un judío”. Un gobierno cuestionado por su cercanía con el paramilitarismo tenía que aprovechar esta coyuntura para marcar con claridad su deslinde de esas bestias. Uribe y José Obdulio deberían estar a la cabeza de la marcha del 6. Deberían, como cualquier ladrón inteligente, huir gritando ¡cójanlo! ¡cójanlo!

Salir a marchar el 6 es vital porque la parapolítica y su brazo armado, el paramilitarismo, son de lejos el principal problema del país, el parásito más enquistado, el chancro más purulento. Comparado con el caso ‘para’, las Farc son unos ‘boy scouts’, y Chávez y Piedad personajes apenas folclóricos. Hagamos un balance a vuelo de pájaro. Las Farc son un grupo decadente arrinconado en lo más profundo de las selvas del Vichada; los ‘paras’, un monstruo intacto que hiberna con la tranquilidad del que se sabe velado por una bancada de 40 parlamentarios. Las Farc sueñan controlar dos municipios del Valle; los ‘paras’ controlan varios departamentos. Las Farc tienen 744 secuestrados; un solo jefe ‘para’ acaba de confesar mil asesinatos. Las Farc mantienen a sus víctimas en condiciones abyectas. Los ‘paras’ les cortan los dedos y los obligan a comérselos. Las Farc han desplazado de sus tierras a unos 50.000 campesinos en los últimos 20 años; los ‘paras’ han desplazado en el mismo periodo 600.000 personas (Dane) o dos millones (Rupd) o cuatro millones (Codhes). Las Farc ejercen soberanía sobre unas parcelas que sólo existen en la mente de Hugo Chávez; los ‘paras’ se han embolsillado cinco millones de hectáreas de nuestras mejores tierras. A veces las Farc logran infiltrar organismos del Estado; los ‘paras’ son tan oficial (casi digo “miembro histórico del establecimiento”) que el Fiscal General definió la parapolítica como una infiltración de la clase política al paramilitarismo.

Sin ánimo de minimizar su capacidad de perturbación, creo que las Farc son ahora un fenómeno más mediático que militar. Y su poder mediático se lo dan los oportunistas líderes de Colombia, Francia y Venezuela, y los mercachifles de los medios colombianos. No podemos permitir que Chávez y Marulanda nos sigan imponiendo su agenda. El intercambio humanitario es un tema sensible, pero es apenas uno de las decenas de problemas que afectan al país. Es hora de que nuestros líderes y los focos de los medios suelten sus presas (Chávez, los secuestrados, la reelección presidencial) y se ocupen de temas con menos rating pero más sustancia: la parapolítica, los desplazados, el desempleo, la calidad de la educación, la atención en salud, la inseguridad urbana, las solapadas alzas de los servicios públicos; en una palabra, el creciente deterioro de la calidad de vida de la gente.
***
PD: El miércoles 5 de marzo a las 3:30 p.m. vuelve a sesionar el Grupo de la Rita bajo las ceibas de Manuelita La Vieja. Esta vez inauguramos la Cátedra Palmira escuchando a Guillermo Barney, alto chamán de Llanogrande que disertará sobre ‘La ciudad, diagnóstico y futuro’.

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El color de la sangre
Por: Salud Hernández-Mora

No soy mamerta ni mucho menos de las Farc, ni me considero idiota útil, pero saldré a marchar el próximo 6 de marzo. Aunque no esté de acuerdo con ciertas consignas ni con el espíritu retador con que algunos organizadores nos convocaron.

Eso sí, no pienso lanzar un solo grito contra las Fuerzas Militares ni la Policía Nacional, porque no soy neutral en este conflicto y tomé partido por la institucionalidad. Que cometen infinidad de pecados, de acuerdo; muchos los he expuesto en esta misma columna, como la horrenda connivencia con los paramilitares, por cuyas víctimas saldremos a las calles. Y que deben pagar duro por ellos, desde luego. Pero que no los sitúen al mismo nivel de los guerrilleros y 'paracos', porque los unos sufren mutilaciones, espantosos cautiverios y dan su vida por nosotros, y los otros nos matan, nos mutilan y nos secuestran.

¿Quiénes son los que protegen a cientos de sindicalistas, defensores de derechos humanos, políticos y demás miembros de organizaciones que viven amenazadas si no los cuerpos de seguridad estatales?

La marcha del 6 de marzo es, ante todo, un reconocimiento a las víctimas del "otro lado". Como aquí mucha gente se empeña en pintar a los muertos, desaparecidos y secuestrados según el brazalete que luzca el que cometió la barbaridad, pues hay que salir por separado. El 4 de febrero marchamos contra las Farc y el secuestro, el 6 de marzo lo haremos en recuerdo de los miles de colombianos que sufrieron a manos de los paramilitares.

No sé dónde verán esa diferencia los amantes de medir y clasificar el dolor propio y ajeno. Yo nunca la encontré. En las atrocidades que me ha tocado cubrir como reportera, la sangre de las víctimas me pareció igual de roja, como idéntica la tristeza y desazón de sus familiares, y calcada la inutilidad del crimen. Claro que de pronto no me fijé lo suficiente para advertir signos que distinguieran a los cadáveres ni conté la cantidad de lágrimas derramadas en cada caso.

Tampoco hallé distintos los rostros abatidos y asustados de los campesinos obligados a salir corriendo de sus veredas, según fuesen las siglas del grupo armado que los echó de sus tierras.

O puede que por inexperta en calibrar espantos no haya percibido la variedad de matices que esos especialistas advierten en el dolor de los familiares de secuestrados. Confieso que no he logrado establecer las diferencias entre los que lloran y dejan suspendidas sus vidas porque a los suyos se los llevó la guerrilla, de los que padecieron lo mismo a manos de los 'paracos'.

Una comprende que haya múltiples visiones de la forma en que se debe abordar el fin del conflicto y de las causas que lo generaron. Lo que resulta chocante es que existan personas en ambas orillas intentado ahondar la brecha entre los ciudadanos pacíficos. Este país necesita, como bien dijeron los cuatro ex congresistas recién liberados, buscar la paz de inmediato.

Pero si ni siquiera somos capaces de ponernos de acuerdo en un simple lema contra la violencia y a favor de quienes la sufren; si de lado y lado se empeñan en descalificar la que no consideran la marcha de sus entrañas, si te llaman fariano, manipulado, idiota, gobiernista y demás lindeces, solo porque se te ocurre ponerte una camiseta blanca y marchar, imposible pensar que el fin de la guerra y la reconciliación estén cerca.

Salud Hernández-Mora

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Hacia una Colombia sin guerra
Por Gustavo Petro

Si algún pacto debiera ser suscrito por los partidos es el de la abstinencia de combinar formas legales e ilegales de lucha.

El entusiasmo despertado por las marchas de estos días encierra la expresión de una gran fuerza ciudadana que clama contra todas las barbaries y que exige el fin de la guerra. En este sentido, la marcha del 6 de marzo debe verse como un complemento necesario de la inmensa movilización del 4 de febrero.

Del espíritu de estas acciones ciudadanas, sin parangón en la historia de Colombia, debemos extraer el profundo mensaje que expresan. Los ciudadanos no quieren más Farc, ni paramilitares, ni mafias, ni más barbarie. Colombia quiere salir de la guerra y la violencia y quiere construirse como una nación democrática y moderna.

Por eso creo que la propuesta de Rafael Pardo encaminada a repetir el pacto contra el terrorismo que en los inicios del gobierno de Álvaro Uribe firmamos el Polo, varios partidos uribistas y el Partido Liberal no avanza.

Si algún pacto debiera ser suscrito por los partidos es el de la propia abstinencia de combinar formas legales e ilegales de acción. Erradicar para siempre la tesis de la combinación de las formas de lucha, que no es más que una construcción premoderna propia de la cultura política colombiana, desarrollada, de un lado, a partir del típico estadista terrateniente, que hacía leyes en Santafé de Bogotá mientras dirigía su ejército particular en la región de sus enormes haciendas -ese "estadista" del siglo XIX es el precursor de nuestros actuales políticos clientelistas ligados al paramilitarismo-, y del otro, a partir de quienes desde la izquierda decidieron dirigir a las Farc entre 1964 y 1986. La combinación de formas de lucha implica siempre la posibilidad de eliminar físicamente al contrario y no deja de ser la expresión de una tradición política colombiana sectaria y feudal.

Las marchas son hoy un mandato más eficaz y profundo: un Gran Acuerdo Nacional para sacar a Colombia de la guerra y la violencia.

El país movilizado de hoy no quiere esperar una remota paz desprendida de la negociación entre armados, ni oír más el llamado a una perpetua guerra. Entiende más bien que la paz empieza por el acuerdo de los desarmados... los ciudadanos. Que ese acuerdo, por fin, gana potencia y espacio entre la gente, y que es posible iniciarlo desde ya.

Acuerdo para realizar -desde un gobierno por elegir- las reformas imprescindibles o fundamentales, como diría Álvaro Gómez, que conduzcan a quitarle oxígeno a la violencia y que, en mi opinión, deberían ser aquellas que garanticen la integración cabal del mundo campesino a las oportunidades, a la tierra y a la prosperidad, las que democraticen el crédito y el saber y las que separen tajantemente el narcotráfico del Estado y el poder político.

La ciudadanía no puede supeditar la construcción de la paz a la voluntad extraviada de los actores armados. Corresponde a la política dotar de poder a esa ciudadanía para que ella, a través del acuerdo, busque momentos de concertación y espacios de legitimación que permitan dar los pasos hacia las reformas que le quiten el oxígeno a la violencia.

Desde esta perspectiva, el Polo Democrático debe invitar a los demás partidos, las fuerzas independientes, los gremios, los indígenas y campesinos, los afrodescendientes, a los diversos e, incluso, a los opuestos, para que, desde el ámbito de la movilización ciudadana, encontremos los objetivos comunes, imprescindibles para construir la Paz.

Se trata de elaborar una hoja de ruta, un cronograma concreto de reformas, en sí mismas profundas, democráticas, que en el esfuerzo de concertación no generen más violencia sino más paz. Se trata de hacerlo nosotros mismos, los ciudadanos y las ciudadanas de Colombia, y se trata de que los partidos políticos las eleven a la eficacia del Poder, al Gobierno, a la Ley y la Constitución, a la realidad ineludible de su cabal aplicación.

Ese Acuerdo para sacar a Colombia de la guerra adquiere una importancia histórica indudable y puede canalizar el enorme esfuerzo que la multitud ciudadana hace para acabar con la inercia de la violencia, que por momentos devora la voluntad de Colombia.

*Senador de la República

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De: Periódico Con-fabulación

A marchar el 6 de marzo

Invitamos a todos los confabuladores a ser protagonistas de la marcha contra todas las formas de violencia que hostigan a Colombia

Por el pájaro enjaulado.
Por el pez en la pecera.
Por mi amigo, que está preso
porque ha dicho lo que piensa.
Por las flores arrancadas.
Por la hierba pisoteada.
Por los árboles podados.
Por los cuerpos torturados
yo te nombro, Libertad.

Por los dientes apretados.
Por la rabia contenida.
Por el nudo en la garganta.
Por las bocas que no cantan.
Por el beso clandestino.
Por el verso censurado.
Por el joven exilado.
Por los nombres prohibidos
yo te nombro, Libertad…

(Poema Libertad de Paul Eluard. Versión libre de Gian Franco Pagliaro)

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Universitarios marcharán el jueves 6 de marzo para protestar contra los violentos

La organización de esta movilización en Boyacá la encabezan estudiantes y profesores de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia (Uptc).

Se tiene previsto hacer un homenaje a las víctimas de la violencia en las diferentes sedes de la Uptc. En Tunja y Sogamoso será a las 10:00 de la mañana; en Duitama, a las 11:00, y en Chiquinquirá, en horas de la noche.Después de los homenajes en Tunja, Duitama y Sogamoso se realizarán marchas, las cuales concluirán con concentraciones en las plazas principales de cada ciudad.

En Tunja habrá una exposición de fotografías de los desaparecidos y asesinados por los violentos. Se leerá un comunicado del comité organizador y se presentará un show cultural.

"En Duitama le haremos un homenaje al estudiante Ángel Manuel Gutiérrez, víctima de la violencia en la década de los 80", explicó Miguel Vergara, coordinador de la marcha de los duitamenses.

El llamado de los organizadores de la marcha es a protestar contra todo tipo de violencia y a exigir el acuerdo humanitario.

"Si la violencia de la guerrilla es condenable, no son menos terribles los delitos de los paramilitares y de algunos actores del Estado", afirmó Astrid Castellanos, coordinadora de la Mesa Permanente de los Derechos Humanos en Boyacá.

Pero la jornada del jueves también quiere aprovecharse para constituir en Boyacá un comité regional del movimiento de las víctimas de la violencia.

Ángela Quevedo, organizadora del evento en Tunja, dijo que se pude marchar con cualquier atuendo y pidió llevar pancartas en contra de los violentos.

Pese a que en Boyacá no hay cifras sobre el número de desaparecidos por la violencia de los últimos años, Astrid Castellanos afirma que son muchas las víctimas del paramilitarismo en el departamento.

En ese sentido, los boyacenses todavía recuerdan con espanto el asesinato del candidato a la Alcaldía de Sogamoso Manuel Ignacio 'Nacho' Torres a manos de los paramilitares, al igual que la masacre de 15 personas en el sector del páramo de La Sarna, en la que miembros de las autodefensas les dispararon en la cabeza cuando las víctimas permanecían arrodilladas.

Por estas y por muchas otras víctimas de los paramilitares, de la delincuencia común, de la guerrilla y de organismos del Estado, el 6 de marzo marcharán los estudiantes de la Uptc, los sindicatos, los colegios y la población civil.

Para la organización de la marcha se creó un comité regional, del que hacen parte la Mesa Permanente de los Derechos Humanos de Boyacá, estudiantes y profesores de la Uptc y la Central Unitariade Trabajadores, entre otros.

La marcha en Chiquinquirá

Con camisetas y pañuelos blancos marcharán los chiquinquireños contra el desplazamiento forzado, el secuestro y toda clase de violencia que se genera en el país.

Al llamado que viene realizando la administración municipal, a través de la Secretaría de Desarrollo Organizacional, que orienta Édgar Suárez, se unirán los estudiantes de las cerca de 15 instituciones educativas públicas y privadas que operan en la ciudad, desde los grados quinto hasta 11.

La actividad comenzará a las 10:00 de la mañana en el parque San Pablo Segundo y culminará en la Plaza de la Libertad, donde monseñor Luis Felipe Sánchez, obispo de Chiquinquirá, elevará una oración por la paz.

Boyacá recordará a las víctimas de la violencia el 6 de marzo

Se hará memoria de crímenes como el del collar bomba, la muerte de 'Nacho' Torres o la masacre de La Sarna, en la que asesinaron a 15 personas.

En los recuerdos de quienes marcharán contra los violentos estarán estos casos:

El 15 de mayo del 2000 Boyacá se estremeció con la muerte de Ana Elvia Cortés Gil, quien falleció por la explosión de un collar bomba que delincuentes comunes le pusieron a alrededor de su cuello para presionar a su familia a pagar 15 millones de pesos.

Cuando agentes de antiexplosivos intentaban desactivar el collar, este hizo explosión y acabó con la vida de Ana Elvia y del subintendente de la Policía Jairo Hernando López, de 29 años.

Este hecho fue calificado como un acto de salvajismo y crueldad.

El 11 de octubre de ese año fue asesinado Manuel Ignacio 'Nacho' Torres, quien adelantaba campaña política como candidato a la Alcaldía de Sogamoso.

'Nacho' se encontraba en una reunión política cuando fue sacado a la fuerza por varios paramilitares, quienes lo subieron a una camioneta y tomaron rumbo hacia el sur de Sogamoso.

El cuerpo sin vida de Torres fue encontrado pocas horas después en límites entre Firavitoba y Paipa. Su familia tuvo que asilarse en Europa.

El primero de diciembre del 2001 un grupo de las Autodefensas del Casanare detuvo un bus que iba para el municipio de Labranzagrande y tras obligar a los pasajeros a bajar del automotor, los hicieron arrodillar y les dispararon en la cabeza.

La masacre, ocurrida en el sector del páramo de La Sarna, en la vía Sogamoso-Aguazul, dejó 15 personas muertas.

El 16 de marzo del 2003 murió asesinado por paramilitares el ex alcalde de Mongua Manuel Alonso Pérez Pinto, en hechos ocurridos en el sitio Puente La Balsa, en Duitama. Ese mismo año las autodefensas acribillaron a los concejales de Mongua Alfonso Daza Aguilar y Libardo de Jesús Barrera.

Estos son algunos de los casos de violencia de la delincuencia común y de los paramilitares ocurridos en Boyacá, que se suman a otros tantos actos criminales de la guerrilla en el departamento.

Omar Rojas Duarte, familiar de un desaparecido, recuerda que el 21 de agosto del 2001, en el parque principal de Yopal, su hermano José del Carmen fue obligado a subir a una camioneta y que desde ese instante no se ha sabido nada de él.

"Lo único que se dijo es que un grupo paramilitar se lo llevó, como a cientos de sogamoseños y a miles de Colombianos", afirma.

Alejandro Gutiérrez, estudiante de derecho de la Uptc, dice que el 6 de marzo debemos movilizarnos para construir las bases de una nueva posición: 'Las víctimas sí existen'. "Es nuestro deber respaldarlas y visibilizarlas", afirma.

REDNEL Colombia dijo...

Elias Quispe:
Agradezco su boletin y merece una profunda reflexion por nuestros hermanos de Colombia que vienen sufriendo ese flagelo de la violencia y ojalá algún dia llegue la paz en ustedes, saludos
Un lector

Raul Harper dijo...

Un gran saludo y una invitacion para conocer el concurso de blogs en mi blog.